Pre y Probióticos, ¿sabes qué importancia tienen para tu piel?

Aunque nos pueda parecer extraño, sobre nuestro cuerpo se encuentran un billón de bacterias, que nos acompañan desde que nacemos y forman parte de nuestra seña de identidad.

El conjunto de esta flora bacteriana es conocido como microbiota y está formada por microorganismos, hongos y levaduras. Esta microbiota, que así se llama este conjunto de estos microorganismos, se desarrolla con el individuo durante su crecimiento formando una huella microbiótica personal y única que varía función del tipo de piel (secreción del sebo y del sudor) y de las zonas cutáneas concernidas. Esta colonia de bacterias resulta de vital importancia en la barrera defensiva de la piel y para que ejerza su acción protectora debe estar perfectamente equilibrada.

La microbiota es uno de los principales mecanismos de defensa de la piel y ejerce un papel fundamental en este proceso. Tan importante es que, en peso, el 46% del ADN de tu cuerpo es humano y el 54% restante es microbiano. Estos microbios son esenciales para el funcionamiento óptimo de la piel y para que ésta esté correctamente protegida. Así, uno de los objetivos en el cuidado de la piel  es favorecer el crecimiento de microorganismos saprófitos, que son aquellos que aportan beneficios a nuestro organismo, para que superen en número a las especies perjudiciales que causan el envejecimiento prematuro, acné o cualquier otra alteración de la piel.

Así, vemos que la microbiota supone una barrera física e inmunológica importantísima pero que se puede ver alterada por múltiples factores como  pueden ser el mal uso de antibióticos, las radiaciones ultravioletas, los lavados frecuentes, el mal uso de cosméticos, el uso de productos de higiene excesivamente detergentes, el uso de tratamientos antiinflamatorios como la cortisona para tratar inflamaciones cutáneas…

Todos estos factores que rompen el equilibrio de nuestra microbiota pueden ocasionar la aparición de enfermedades inflamatorias cutáneas, infecciones, alergias, enfermedades autoinmunes, acné, dermatitis atópica…

La clave para una piel saludable y resistente a la enfermedad está en la diversidad y variabilidad de bacterias que componen la microbiota. El equilibrio entre las diferentes especies es fundamental y para ello resultan de vital importancia los Pre y los Probióticos.

¿Qué son los Pre y probióticos?

Los probióticos son microorganismos vivos que conviven con nosotros y contribuyen de forma vital a nuestro equilibrio fisiológico. Se trata de bacterias y levaduras que de manera natural viven en nuestro organismo y participan en multitud de procesos propios.

Los prebióticos son activos que estimulan a los probióticos realizando una alimentación bioselectiva. Alimentan las comunidades microbianas beneficiosas y dejan sin alimento a las que no interesan. Son compuestos que el organismo no puede digerir pero que tienen un efecto fisiológico al estimular de manera selectiva el crecimiento y la actividad de las bacterias saprófitas, que son aquellas que aportan beneficios (bifidobacterias y lactobacilos). Principalmente son hidratos de carbono presentes en algunos alimentos y que son utilizados como alimento por determinadas bacterias beneficiosas.

¿En qué benefician exactamente a tu piel?

Con el uso de pre- y probióticos ayudamos a mantener la microflora equilibrada y mejoramos visiblemente el aspecto y la salud de nuestra piel. Su uso continuado aporta los siguientes beneficios:

  • Refuerzo de la defensa de la piel.
  • Mejora de la capacidad de la piel para mantenerse hidratada.
  • Disminución de los factores que provocan la irritación de la piel.
  • Mejora visible de los signos de sequedad, tirantez y pérdida de luminosidad características de las pieles alteradas.
  • Recuperación del pH de la superficie de la piel.
  • Reducción de los daños prematuros de la piel inducidos por la exposición solar consiguiendo frenar los signos de envejecimiento producidos por los rayos UV.
  • Aumento de la protección de las células de la piel frente a bacterias y parásitos negativos que causan una reacción inflamatoria por parte del sistema inmunológico en la epidermis, como por ejemplo la bacteria que causa el acné.
  • Reducción  del enrojecimiento del escozor, el ardor y la sequedad de piel, especialmente en pieles atópicas.

 

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